San Bernardo y el Sagrado Corazón

“Verdaderamente, ¿en dónde hallarán los débiles una seguridad más cierta y firme que en las llagas del Salvador?

En ellas tengo mi morada con tanta mayor confianza cuanto Jesús es más poderoso para salvarme.

Puede enfurecerse el mundo, agobiarme la carne y perseguirme el diablo, que no por esto seré vencido, apoyándome sobre la piedra firme.

Ciertamente he pecado mucho, y mi conciencia se turba, pero el recuerdo de las llagas del Salvador impide que sea perturbada, ya que fue herido por causa de nuestras iniquidades.

¿Qué mal tan mortífero podemos imaginar que no pueda ser curado por la muerte de Cristo? Así, pues, si considero la eficacia y el poder de esta medicina, no temeré ninguna enfermedad por maligna que sea.

En cuanto a mí, estos bienes que me hacen falta, voy a buscarlos, lleno de confianza, en las entrañas del Señor rebosantes de misericordia; hay allí aberturas bastantes para que manen por ellas sus sagrados efluvios.

Horadaron sus manos y sus pies, y abrieron su costado de una lanzada; y por estas grietas yo puedo sorber la miel que destila la piedra y el óleo de la peña durísima; es decir, yo puedo gustar y ver cuán suave es el Señor.

Él formaba designios de paz, y yo lo ignoraba. Porque, ¿quién conoció jamás los pensamientos del Señor? ¿Quién fue su consejero? Mas los clavos que le atravesaron han sido para mí la llave que me ha permitido penetrar en los secretos de su voluntad.

¿Qué es lo que veo por estas aberturas? Claman los clavos, claman las llagas, diciendo que Dios está realmente en Jesucristo reconciliándose con el mundo.

Por el hierro traspaso su alma, y llego hasta su Corazón, a fin de que se compadezca de mis dolencias.

Queda abierto el arcano del Corazón mediante la herida del cuerpo. De esta manera queda manifiesto aquel gran misterio de piedad, y se nos muestran las entrañas de misericordia de Nuestro Dios por las cuales nos ha visitado el Oriente que viene de lo alto.

¿A qué fin se nos manifiestan las entrañas por medio de las heridas? ¿Podía darse algo que mostrara mejor que vuestras llagas vuestra bondad, vuestra mansedumbre y la grandeza de vuestra misericordia? Nadie puede dar una mayor prueba de misericordia que el dar la vida por los delincuentes condenados a muerte.

La misericordia del Señor es, pues, mi mérito. No estaré privado de méritos mientras Él no lo esté de misericordia. Mas como las misericordias del Señor son eternas, yo cantaré eternamente las misericordias del Señor”

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