
¡Sin Esposo, porque estaba José de la muerte preso; sin Padre, porque se esconde; sin Hijo, porque está muerto; sin luz, porque llora el sol; sin voz, porque muere el Verbo; sin alma, ausente la Suya; sin cuerpo, enterrado el Cuerpo; sin tierra, que todo es sangre; sin aire, que todo es fuego; sin fuego, que todo es agua; sin agua, que todo es hielo; con la mayor soledad que humanos pechos se vieron,pechos que hubiesen criado, aunque virginales pechos,a la Cruz, de quien pendía un rojo y sangriento lienzo,con que bajó de sus brazos Cristo sin alma, y Dios muerto,la sola del Sol difunto dice, con divino esfuerzo,estas quejas lastimosas y estos piadosos requiebros
«¡Oh, teatro victorioso,donde el Capitán eterno,por dar a los hombres vida venció la Muerte muriendo!¡Oh, escala de otro Jacob,mas con tres pasos de hierro,tan alta, que por subirla pies y manos puso en ellos!¡Oh, caja de mis cuchillos!¡Oh, mesa en que estuvo puesto aquel soberano Pan atravesado en el leño! Pues solos nos han dejado, yo sin Hijo y vos sin dueño, consolémonos los dos, pues los dos nos parecemos.
Lope de Vega

