Santa Rita de Casia

IMG-20190521-WA0022
Santa Rita de Casia
22 de mayo Siglo XV

Santa Rita (Rita La Abogada de Imposibles), religiosa, que, casada con un hombre violento, toleró pacientemente sus crueldades reconciliándolo con Dios, y al morir su marido y sus hijos ingresó en el monasterio de la Orden de San Agustín en Casia, de la Umbría, en Italia, dando a todos un ejemplo sublime de paciencia y compunción (c. 1457).
Matrimonio

Sus padres, sin haber aprendido a leer o escribir, enseñaron a Rita desde niña todo acerca de Jesús, la Virgen María y los más conocidos santos. Rita, al igual que Santa Catalina de Siena nunca fue a la escuela a aprender a escribir o a leer. Santa Catalina le fue dada la gracia de leer milagrosamente por nuestro Señor Jesucristo, para santa Rita su único libro era el Crucifijo.

Ella quería ser religiosa toda su vida, pero sus padres, Antonio y Amata, avanzados ya en edad, escogieron para ella un esposo, Paolo Ferdinando, lo cual no fue una decisión muy sabia. Pero Rita obedeció. Quiso Dios así darnos en ella el ejemplo de una admirable esposa, llena de virtud, aun en las mas difíciles circunstancias.

Después del matrimonio, su esposo demostró ser bebedor, mujeriego y abusador. Rita le fue fiel durante toda su vida de casada. Encontró su fortaleza en Jesucristo, en una vida de oración, sufrimiento y silencio. Tuvieron dos gemelos, los cuales sacaron el temperamento del padre. Rita se preocupó y oró por ellos.

Después de veinte años de matrimonio y oración por parte de Rita, el esposo se convirtió, le pidió perdón y le prometio cambiar su forma de ser. Rita perdona y el deja su antigua vida de pecado y pasaba el tiempo con Rita en los caminos de Dios. Esto no duró mucho, porque mientras su esposo se había reformado, no fue así con sus antiguos amigos y enemigos. Una noche Paolo no fue a la casa. Antes de su conversión esto no hubiera sido extraño, pero en el Paolo reformado esto no era normal. Rita sabía que algo había ocurrido. Al día siguiente, lo encontraron asesinado.

Su pena fue aumentada cuando sus dos hijos, que ya eran mayores, juraron vengar la muerte de su padre. Las súplicas no lograban disuadirlos. Fue entonces que Santa Rita, comprendiendo que mas vale salvar el alma que vivir mucho tiempo, rogó al Señor que salvara las almas de sus dos hijos y que tomara sus vidas antes de que se perdieran para la eternidad por cometer un pecado mortal. El Señor respondió a sus oraciones. Los dos padecieron una enfermedad fatal. Durante el tiempo de enfermedad, la madre les habló dulcemente del amor y el perdón. Antes de morir lograron perdonar a los asesinos de su padre. Rita estuvo convencida de que ellos estaban con su padre en el cielo.
Entra en la Vida Religiosa

Al quedar sola no se deja vencer por la tristeza y el sufrimiento. Santa Rita quiso entrar con las hermanas Agustinas, pero no era fácil lograrlo. No querían una mujer que había estado casada. La muerte violenta de su esposo dejó una sombra de duda. Ella se volvió de nuevo a Jesús en oración.  Ocurrió entonces un milagro. Una noche, mientras Rita dormía profundamente, oyó que la llamaban ¡Rita, Rita, Rita! esto ocurrió tres veces, a la tercera vez Rita abrió la puerta y allí estaban San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan el Bautista del cual ella había sido devota desde muy niña. Ellos le pidieron que los siguieran. Después de correr por las calles de Roccaporena, en el pico del Scoglio, donde Rita siempre iba a orar sintió que la subían en el aire y la empujaban suavemente hacia Cascia. Se encontró arriba del Monasterio de Santa María Magdalena en Cascia. Entonces cayo en éxtasis. Cuando salió del éxtasis se encontró dentro del Monasterio, ante aquel milagro las monjas Agustinas no pudieron ya negarle entrada.  Es admitida y hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años de consagración a Dios.

Más Pruebas

Durante su primer año, Rita fue puesta a prueba no solamente por sus superioras, sino por el  mismo Señor. Le fue dado el pasaje de la Escritura del joven rico para que meditara. Ella sentía en su corazón las palabras, ¡Si quieres ser perfecta!

Un día Rita fue puesta a prueba por su Madre Superiora. Como un acto de obediencia, Rita fue ordenada a regar cada día una planta muerta. Rita lo hizo obedientemente y de buena manera. Una mañana la planta se había convertido en una vid floreciente y dio uvas que se usaron para el vino sacramental. Hasta este día sigue dando uvas.
Amor a la Pasión de Cristo

Rita meditaba muchas horas en la Pasión de Cristo, meditaba en los insultos, los rechazos, las ingratitudes que sufrió en su camino al Calvario

Durante la Cuaresma del año 1443 fue a Cascia un predicador llamado Santiago de Monte Brandone, quién dio un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor que tocó tanto a Rita que a su retorno al monasterio le pidió fervientemente al Señor ser participe de sus sufrimientos en la Cruz. Recibió las estigmas y las marcas de la Corona de Espinas en su cabeza. A la mayoría de los santos que han recibido este don este don exuden una fragancia celestial. Las llagas de Santa Rita, sin embargo exudían olor a podrido, por lo que debía alejarse de la gente.

Por 15 años vivió sola, lejos de sus hermanas monjas. El Señor le dio una tregua cuando quiso ir a Roma para el primer Año Santo. Jesús removió la estigma de su cabeza durante el tiempo que duró la peregrinación. Tan pronto como llegó de nuevo a casa la estigma volvió a aparecer y teniéndose que aislar de nuevo.

En su vida tuvo muchas llamadas pero ante todo fue una madre tanto física como espiritualmente. Cuando estaba en el lecho de muerte, le pidió al Señor que le diera una señal para saber que sus hijos estaban en el cielo. A mediados de invierno recibió una rosa del jardín cerca de su casa en Roccaporena. Pidió una segunda señal. Esta vez recibió un higo del jardín de su casa en Roccaporena, al final del invierno.

Los últimos años de su vida fueron de expiación.  Una enfermedad grave y dolorosa la tuvo inmóvil sobre su humilde cama de paja durante cuatro años.  Ella observó como su cuerpo se consumía con paz y confianza en Dios.
Santa Rita de Cascia
Fiesta: 22 de mayo
1381-1457

Ver también: Milagro Eucarístico de Cascia.

La santa de lo imposible. Fue una hija obediente, esposa fiel, esposa maltratada, madre, viuda, religiosa, estigmatizada y santa incorrupta. Santa Rita lo experimentó todo pero llegó a la santidad porque en su corazón reinaba Jesucristo.

Nació en Mayo del año 1381, un año después de la muerte de Santa Catalina de Siena. La casa natal de Sta. Rita está cerca del pueblito de Cascia, entre las montañas, a unas 40 millas de Asís, en la Umbría, región del centro de Italia que quizás más santos ha dado a la Iglesia (S. Benito, Sta. Escolástica, S. Francisco, Sta. Clara, Sta. Angela, S. Gabriel, Sta. Clara de Montefalco, S. Valentín y muchísimos más).

Su vida comenzó en tiempo de guerras, terremotos, conquistas y rebeliones. Países invadían a países, ciudades atacaban a ciudades cercanas, vecinos se peleaban con los vecinos, hermano contra hermano. Los problemas del mundo parecían mas grandes que lo que la política y los gobiernos pudieran resolver.

Nacida de devotos padres, Antonio Mancini y Amata Ferri a los que se conocía como los “Pacificadores de Jesucristo”, pues los llamaban para apaciguar peleas entre vecinos. Ellos no necesitaban discursos poderosos ni discusiones diplomáticas, solo necesitaban el Santo Nombre de Jesús, su perdón hacia los que lo crucificaron y la paz que trajo al corazón del hombre. Sabían que solo así se pueden apaciguar las almas.

La abejas

Parecía que desde el primer momento de su nacimiento Dios tenía designios especiales para Rita. Según una tradición, desde que era bebé, mientras dormía en una cesta, abejas blancas se agrupaban sobre su boca, depositando en ella la dulce miel sin hacerle daño y sin que la niña llorara para alertar a sus padres. Uno de los campesinos, viendo lo que ocurría trató de dispersar las abejas con su brazo herido. Su brazo se sano inmediatamente.

Después de 200 años de la muerte de Santa Rita, algo extraño ocurrió en el monasterio de Cascia. Las abejas blancas surgían de las paredes del monasterio durante Semana Santa de cada año y permanecían hasta la fiesta de Santa Rita, el 22 de Mayo, cuando retornaban a la inactividad hasta la Semana Santa del próximo año. El Papa Urbano VIII, sabiendo lo de las misteriosas abejas pidió que una de ellas le fuera llevada a Roma. Después de un cuidadoso examen, le ató un hilo de seda y la dejó libre. Esta se descubrió mas tarde en su nido en el monasterio de Cascia, a 138 kilómetros de distancia. Los huecos en la pared, donde las abejas tradicionalmente permanecen hasta el siguiente año, pueden ser vistos claramente por los peregrinos que llegan hoy al Monasterio.
Las Rosas de Santa Rita

Durante la enfermedad, a petición suya, le presentaron algunas rosas que habían brotado de manera prodigiosa en el frío invierno en su huertecito de Rocaporena.   Ella las aceptó sonriente como don de Dios.

Muerte de la santa

Santa Rita recorrió el camino de la perfección, la vía purgativa, la iluminativa y unitiva. Conoció el sufrimiento y en todo creció en caridad y confianza en Dios.   El crucifijo es su mejor maestro.  Es en almas puras como la de ella que Dios puede hacer portentos sin que por ello se desenfrenen y caigan en el orgullo espiritual.   Al morir la celda se ilumina y las campanas tañen solas por el gozo de un alma que entra al cielo.

Su muerte, acaecida en 1457, fue su triunfo. La herida del estigma desapareció y en lugar apareció una mancha roja como un rubí, la cual tenía una deliciosa fragancia. Debía haber sido velada en el convento, pero por la muchedumbre tan grande se necesitó la iglesia. Permaneció allí y la fragancia nunca desapareció. Por eso, nunca la enterraron. El ataúd de madera que tenía originalmente fue reemplazado por uno de cristal y ha estado expuesta para veneración de los fieles desde entonces.  Multitudes todavía acuden en peregrinación a honrar a la santa y pedir su intercesión ante su cuerpo que permanece incorrupto.

León XIII la canonizó en 1900.

PROMESAS DEL SANTO ROSARIO

Las 15 promesas del Rosario
Reveladas por la Santísima Virgen
al Beato Alano de la Roche

1.El que me sirva rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo por el amor de Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!

5.El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6. El que con devoción rezare mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada; se convertirá si es pecador, perseverará en la gracia si es justo; y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los auxilios de la Iglesia.

8. Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.Libraré pronto del Purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10. Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.Todo lo que me pidan lo alcanzarán por medio del Rosario.

12. Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13. Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14. Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15. La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

Preparación de la Consagración a San José

Conferencia 1

Conferencia 2

Conferencia 3

Conferencia 4

Conferencia 5

Conferencia 6

Conferencia 7

Conferencia 8

Conferencia 9

Conferencia 10

Conferencia 11

Conferencia 12

Conferencia 13

Conferencia 14

Conferencia 15

Conferencia 16

Conferencia 17

Conferencia 18

Conferencia 19

Conferencia 20

Conferencia 21

Conferencia 22

Conferencia 23

Conferencia 24

Conferencia 25

Conferencia 26

Conferencia 27

Conferencia 28

Conferencia 29

Conferencia 30

Conferencia 31

Conferencia 32

 

La grandeza de San José

El divino José es superior a los ángeles mismos …

El señor San José, considerado según su naturaleza, es como los demás hombres, es decir, un poco inferior a los ángeles, como dice el santo profeta rey, pero también es cierto que, considerado en su elección eterna, en la vocación que recibió, en el tiempo, en su correspondencia a la gracia y en los oficios que desempeñó, los supera en gran manera. Isidoro Isolano, que podríamos apellidar el Doctor de José, después de haber examinado teológicamente el asunto, dice que el divino San José fue un ángel por su vida; arcángel, por sus funciones; principado, por su victoria contra los reyes; potestad, por sus obras sobrenaturales; virtud, por su perfección que le hace semejante a Dios; dominación, por su superioridad sobre las criaturas; trono, por haber recibido al Dios hecho hombre; querubín, por su conocimiento de los misterios; y serafín, por su ardiente amor al Dios creador. José, por tanto, no sólo es un ángel, sino que ha reunido en sí mismo las perfecciones de todos los ángeles. Así, con tanta razón, lo apellida Isolano: Divino José …

Las Glorias de San José
P. José María Vilaseca

Oración a San Benito

Oh glorioso San Benito, modelo sublime de todas las virtudes, vaso puro de la gracia de Dios. Heme aquí, humildemente postrado ante ti. Imploro tu corazón lleno de amor para que intercedas por mí ante el trono divino de Dios.
A ti recurro en todos los peligros que a diario me rodean. Protégeme contra mis enemigos, contra el maligno enemigo en todas sus formas e inspírame a imitarte en todas las cosas Que tu bendición esté conmigo siempre, de modo que pueda huir de todo lo que no es agradable a Dios y evitar así las ocasiones de pecado.
Dulcemente te pido, que me consigas de Dios los favores y gracias de las cuales yo estoy tan necesitado, en las pruebas, en las miserias y en las aflicciones de la vida.Tu corazón siempre estuvo tan lleno de amor, compasión y misericordia hacia los que estaban afligidos o con problemas de cualquier tipo.Tú nunca has despedido sin consuelo y asistencia a cualquiera que haya recurrido a ti. Por lo tanto, invoco tu poderosa intercesión, con esperanza y confiado en que tú escucharás mis oraciones y me alcanzarás la gracia especial y favor que tan seriamente te imploro (pedir el favor a recibir), si es para la mayor gloria de Dios y el bien de mi alma
Ayúdame, Oh gran San Benito, vivir y morir como un hijo fiel de Dios, que sea siempre sumiso a Su santa voluntad, para lograr la felicidad eterna del cielo.

Amén

APARICIONES

ENSEÑANZAS TRADICIONALES DE LA IGLESIA ACERCA DE LAS APARICIONES

El mundo está hoy asediado, como nunca antes, por pretendidas apariciones celestiales…

A lo largo y ancho del mundo, hay literalmente cientos de supuestas vistas celestiales y hechos milagrosos. ¡Y los videntes no se contentan con mensajes de una o dos líneas…! La suma total de los volúmenes de los mensajes celestiales que han sido publicados en los últimos treinta años, podría competir fácilmente con la suma de las palabras de todas las encíclicas pontificias publicadas por la Iglesia Católica. Si el contenido de estos mensajes puede compararse con la sustancia de las enseñanzas pontificias, eso es otra cuestión…
Además, la gente que sigue estas apariciones ha desarrollado una tal devoción, una tal avidez por estos y los futuros mensajes, que dicha devoción y avidez aparecen como la característica principal de su vida espiritual; la más leve duda expresada en su presencia acerca de la verdad o santidad de estas supuestas manifestaciones celestiales, provoca de inmediato un furor emocional difícil de ser apaciguado.

En una época en que la ciencia-ficción, el misticismo oriental, el uso de drogas alucinógenas, la parapsicología y el ocultismo corren desenfrenados en nuestras sociedades, realmente no debería sorprender que los católicos modernistas, -ansiosos de ser notados- quieran también tener la posibilidad de disfrutar de fenómenos sobrenaturales “católicos”… Pero cuando católicos que pretenden mantener las enseñanzas tradicionales de la Iglesia en un mundo que se ha vuelto loco, cuando son estos los que de buen grado y sin cuestionarse aceptan la validez de estas supuestas visitas, uno puede preguntarse si es que alguna vez han entendido verdaderamente la responsabilidad inherente a su condición de católicos, la responsabilidad de mantener las enseñanzas tradicionales de la Iglesia acerca de las revelaciones, visiones y locuciones privadas. Se halla uno en la necesidad de cuestionar, no solo la autenticidad de las apariciones mismas, sino también la actitud de estos católicos respecto a las apariciones. ¿Porque se ignoran las enseñanzas tradicionales de la Iglesia?

Todos los teólogos católicos concuerdan en que las revelaciones, visiones y locuciones privadas deben ser estudiadas con gran cuidado, teniendo siempre en mente la posibilidad de ilusiones humanas, auto-engaño, influencias diabólicas o, incluso, ¡simple fraude! El R. P. Tanquerey, en su tratado sobre Teología Ascética y Mística, resume la actitud propia del católico respecto a las revelaciones privadas:

“Nada mejor podemos hacer que imitar la juiciosa reserva de la Iglesia y de los Santos. La Iglesia no acepta las revelaciones sino de largas y cuidadosas investigaciones. Por lo tanto, no debemos asegurar la existencia de una revelación privada sino hasta tener las pruebas convincentes que el papa Benedicto XIV enumera en su obra sobre las canonizaciones… Cuando un penitente manifiesta a su director espiritual sus supuestas revelaciones, este último debe abstenerse cuidadosamente de demostrar admiración, puesto que esto induciría al vidente a considerar estas visiones como verdaderas y quizás a enorgullecerse de ellas. El director espiritual debe, por el contrario, explicar que tales cosas son de mucho menor importancia que la práctica de la virtud, que uno puede engañarse fácilmente en estas cuestiones, y que uno debe, por consiguiente, sospechar de tales visiones más que tomarlas en consideración. Esta es la regla establecida por los Santos”.

No necesitamos más que citar unos pocos pasajes de San Juan de la Cruz para ilustrar acerca de los peligros del auto-engaño y de las ilusiones diabólicas. Ésta es la sólida doctrina de uno de los más grandes Doctores de la Iglesia acerca de las cuestiones místicas. ¿Porqué los católicos de hoy no se han preguntado acerca de estos peligros, antes de correr precipitadamente a la aceptación, aprobación y promoción de estas supuestas locuciones?

En la subida al Monte Carmelo, San Juan de la Cruz dice:
“Estoy aterrado por lo que sucede en estos días, es decir, que cundo un alma con la más mínima experiencia de la meditación, si se dá cuenta de ciertas locuciones de este tipo cuando se recoge para meditar, de inmediato las atribuye como viniendo todas de Dios, diciendo: “Dios me dijo…”, “Dios me ha contestado…”, cuando en realidad no son así, sino que son ellos que se lo dicen a sí mismos”
Y en el libro II, capítulo 11 de la misma obra, nos advierte del peligro de la ilusión diabólica, especialmente cuando el alma es crédula y ni siquiera considera la posibilidad de tal ilusión:
“Siempre se debe temer que estas locuciones procedan del demonio más que de Dios, pues el demonio tiene más influencia en lo que es exterior y corpóreo… Como estas locuciones son tan palpables y tan materiales, excitan grandemente los sentidos y el alma es llevada a considerarlas más importantes cuando más las siente. Corre el alma detrás de ellas y abandona la segura guía de la Fe, creyendo que la luz que le dan es la guía y el medio para alcanzar lo que ella desea, la unión con Dios. Y así el alma cuanto más se ocupa de estas cosas, mas se le aleja del recto camino y de los medios perfectos, es decir, la Fe. Además, cuando el alma se percibe sujeta a estas extraordinarias visitaciones, frecuentemente se introduce la autoestima, y se piensa ser algo en los ojos de Dios, lo que es contrario a la humildad. El demonio sabe también muy bien como insinuar en el alma una secreta -o a veces abierta- auto-satisfacción. Con este fin, el demonio presenta a los ojos las formas de los Santos y las más hermosas luces; causa voces adecuadas para halagar nuestros oídos, y con deliciosos aromas nuestro olfato; produce dulzuras en los labios, y espasmos de placer en el sentido del tacto; y todo esto para hacernos desear tales cosas y así poder desviarnos hacia mucho mal. Por esta razón es que debemos siempre rechazar y tener en poco estas representaciones y sensaciones”
En el libro II capítulo 16, resume sus advertencias: Es interesante notar que el rechazo de tales apariciones es la actitud propia que debe ser observada en el caso en que estas provengan verdaderamente de Dios, pues, tal como el Santo lo explica, este es el modo de probar que son verdaderamente de origen divino:
“Por lo tanto diré, con respecto a estas impresiones y visiones imaginarias, de cualquier modo que sean, ora sean falsas, provenientes del demonio, ora sean conocidas como verdaderas, viniendo de Dios, que el entendimiento no debe aturdirse respecto de ellas, ni alimentarse de ellas; el alma no debe aceptarlas voluntariamente, ni descansar sobre ellas, para poder permanecer despegada, pura y sinceramente simple, lo cual es la condición para la divina unión”.
A pesar de las abundantes advertencias que se hallan en las obras de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, sin embargo aún existen miles de devotos de los videntes contemporáneos que jamás se han planteado ni la más mínima duda acerca de la autenticidad de estas supuestas apariciones. Santa Teresa, quien ascendió por todas las moradas de la vida contemplativa, a menudo ejerció esta cautela y duda acerca de la autenticidad de las visiones y voces que ella misma experimentaba… ¡Pero eso no es para los adeptos de nuestros días! Ellos están seguros de que sus “voces” son divinas y no necesitan seguir las enseñanzas tradicionales de la Iglesia…

Otro escándalo a este respecto es la diligencia con que muchos católicos distribuyen la literatura y los mensajes provenientes de los distintos lugares de “apariciones”. Las imprentas se ponen en marcha tan pronto como un “vidente” aduce haber escuchado o visto algo nuevo. Y a sus devotos les falta el tiempo para diseminar las últimas noticias del “Cielo”…
La regla dada por Santa Teresa es que un vidente no debe hablar a nadie acerca de sus supuestas locuciones, excepto a su director espiritual, quien tendrá sumo cuidado en que solo las autoridades eclesiásticas examinen y den su juicio sobre el caso. No es esto lo que sucede con los videntes de nuestros días: Los mensajes y profecías son publicados sin permisos y sin reservas. Cuando se los confronta con la legislación tradicional de la Iglesia, opuesta a la publicación de las revelaciones privadas, algunos católicos responden: “Ah! ¿Pero no sabe usted que Pablo VI ha revocado tal legislación? Ahora está permitido publicar los mensajes!”…
Por más de 350 años, desde el decreto de Urbano VIII en 1625, la Iglesia prohibió severamente la publicación de visiones y revelaciones privadas sin una especial aprobación eclesiástica. Las razones son las citadas por San Juan de la Cruz y Benedicto XV. El decreto de Urbano VIII llegaba hasta imponer la mayor reserva, incluso en las conversaciones privadas, acerca de los hechos sobrenaturales de cuya autenticidad no hay prueba. Así el pueblo cristiano era protegido de los peligros inherentes a la actual “aparicionitis”, peligros de adhesión, curiosidad, engaño… Pero sobre todo, estas leyes encarnaban a la doctrina tradicional de la Iglesia Católica, acerca de ejercer la más juiciosa reserva con respecto a todas las supuestas revelaciones privadas.
Algunos católicos ignoran todo esto con una simple frase: “Es sólo un decreto disciplinario. Los papas pueden cambiar este tipo de leyes”. ¡Pero no! Cundo un cambio en una ley disciplinaria implica un peligro para la fe y las costumbres, los católicos deben ver en esto un abuso de autoridad, y, por consiguiente, retener sólo las antiguas prácticas, aferrándose a la tradición. Aquellos católicos que verdaderamente comprenden lo que significa mantener la Tradición Católica en todos los aspectos de la vida diaria, jamás leerán, publicarán, o distribuirán los relatos o mensajes de éstas supuestas visiones o apariciones sobrenaturales. Prefieren seguir a los buenos papas de los últimos 350 años, más que seguir a algún liberal reciente que haya pasado leyes contrarias a la Tradición.
Finalmente, debe insistirse sobre el gran daño que causa a la vida espiritual tal curiosidad y entusiasmo por las “apariciones. En su obra “Las tres edades de la vida interior” del R.P. Garrigou-Lagrange, o.p. cita a San Juan de la Cruz, al decir que el deseo por tener revelaciones es al menos un pecado venial, aun cuando el alma tiene en vista un buen fin:
“San Juan de la Cruz reprueba fuertemente el deseo de tener revelaciones. En este punto, está completamente de acuerdo con San Vicente Ferrer, y demuestra que el alma que desea revelaciones es vana, que pos su curiosidad da al demonio la oportunidad de desviarla del recto camino, que esta inclinación quita la pureza de la fe, es un obstáculo para el espíritu, revela una falta de humildad y expone a innumerables errores.. Esta curiosidad es una deformidad del espíritu que arroja al alma en la ilusión y la confusión y la desvía de la humildad mediante la vana complacencia en las vías extraordinarias”

Es triste reconocer que, en nuestros días, no sólo los videntes sino también un gran número de fieles quebrantan estas prudentes reglas tradicionales por su curiosidad y avidez de escuchar lo último que “nuestra Señora ha dicho”. En verdad, algunos de éstos sitios de “apariciones” se están convirtiendo en oráculos hacia los que se vuelven más fieles, considerándolos como la más segura fuente para conocer la voluntad de Dios. Práctica pagana, tal como se ha visto en la historia del cristianismo. Nuestro Señor Jesucristo estableció una Iglesia visible y dijo a Sus Apóstoles, y a través de ellos, a sus sucesores, los Obispos” “El que os escucha, a Mí me escucha”. Si los católicos reemplazan el Magisterio de la Iglesia por estos oráculos, estarán invitando al demonio a dirigir sus vidas. San Juan de la Cruz concluye sus palabras sobre ésta cuestión del modo siguiente:

“El demonio se regocija grandemente cuando un alma busca las revelaciones y está dispuesta a aceptarlas, pues tal conducta le da muchas oportunidades para insinuar engaños y alejarla tanto como pueda de la fe, porque el alma se hace áspera y ruda, y cae frecuentemente en muchas tentaciones y malos hábitos”.

Pensamiento del dia

“Es como si la Verdad eterna quisiera exhortar a sus escogidos: cuando las desgracias del mundo se multipliquen, levantaos, alzad vuestros corazones, pues cuando el mundo, del cual no sois amigos, llegue a su fin, vuestra Redención, que habéis buscado, se acerca… Los que aman a Dios deben alegrarse y regocijarse del fin del mundo. Encontraréis tanto más pronto a Aquél que amáis cuanto más pronto desaparezca aquel a quien habéis negado vuestro amor. Un cristiano que desea ver a Dios, no debe entristecerse del juicio que condena al mundo. Aquel que no se regocija del fin del mundo que se acerca, prueba que es su amigo y el enemigo de Dios… Entristecerse de la destrucción del mundo es propio de aquel que ha dejado desarrollarse en su corazón las raíces de un amor al mundo, de aquel que no busca la vida futura y que ni aún sospecha su realidad”.
SAN GREGORIO MAGNO