Meditación SOBRE LA DEVOCIÓN A MARÍA

I. Ten gran confianza en María, porque es tu Madre. Dirígete a Ella, aun en tus necesidades corporales: pídele los bienes, la salud y las otras cosas que te son necesarias para vivir y servir a Dios; gusta Ella de esta familiaridad: una madre se complace en ver a su hijo que se le dirige con entera confianza. María no tiene por ti menos amor que tu madre de la tierra, y tiene más poder. Para obligarla a que te socorra, jamás dejes de tributarle tus homenajes con regularidad todos los días de tu vida. Mas, ¿qué oración le rezas? ¿Qué buena acción haces cada día para honrarla?

II. Dirígete a Ella en tus aflicciones, consúltala en tus dudas, vete a su lado a aliviar tu corazón contándole la causa de tus penas: te dará los consejos más sanos, porque ningún amigo ni pariente tienes que te profese cariño comparable con el suyo. ¡Oh Virgen santísima, si supiéramos aprovechar la bondad que tienes para con nosotros, pronto seríamos consolados en nuestras aflicciones!

III. ¿Te sientes a punto de sucumbir a la violencia de tus tentaciones?, llámala en tu auxilio. ¿Caíste en pecado?, ruégale te ayude a volver a levantarte: es abogada de pecadores. No existe tentación de la que no puedas salir victorioso, si invocas a María. Es por ti, oh María, por quien los míseros obtienen misericordia de Dios, los desgraciados vuelven a encontrar gracia, los pecadores obtienen el perdón de sus pecados (San Agustín).