Las persecusiones

MEDITACIÓN

I. La virtud es perseguida en el mundo; no es su centro, ni el lugar de su reposo. Prepárate a sufrir los insultos de los hombres, si quieres vivir como servidor de Jesucristo. El discípulo no es más que su maestro. ¡Qué dicha para mí, dulce Jesús mío, ser maltratado como Vos, y por amor vuestro! ¡Oh mundo infiel, cuán agradables me resultan tus persecuciones, pues me hacen amigo de Dios! ¡Oh siglo, qué culpable que eres! ¡Para hacer felices a tus amigos, los haces enemigos de Dios! (San Bernardo).

II. No te inquietes por lo que el mundo diga de ti; el mundo es un insensato que no juzga sino por pasión. Trata de contentar a Dios y a tu conciencia, y deja que hable el mundo y sus adoradores. Empero, combate con tus palabras sus falsas máximas, y con la santidad de tu vida sus malos ejemplos; prepárate a sufrir afrentas, burlas y calumnias, que son la copa que prepara para los discípulos de Cristo, y di con San Pablo: Si yo agradase a los hombres, no sería servidor de Jesucristo.

III. Persevera constantemente en la práctica de la virtud, sin mirar nunca atrás; resiste todos los ataques del mundo; es el modo de vengarte noblemente de este enemigo de tu virtud; dejará de atacarte cuando reconozca que eres invencible. Ruega a Dios por aquellos que te proporcionan la ocasión de practicar la paciencia. Tus oraciones y tus buenos ejemplos harán, con harta frecuencia, que tus perseguidores te admiren y te imiten.

Meditación. LA PENITENCIA

MEDITACIÓN
SOBRE LA PENITENCIA

I. Haz penitencia; ¿acaso no eres un pecador? y ¿qué más necesario para un pecador que la penitencia? ¿Por qué diferirla de hoy a mañana? El reino de los cielos está cerca; acaso mueras pronto, y si no pagaste tus deudas, ¿qué harás? ¿Qué mortificaciones hiciste? Te quieres convencer de que se ha de dejar la penitencia para los que se metieron en un convento; y yo te digo que las personas de mundo la necesitan más que los religiosos, porque más caen en pecado.

II. Pero, ¿cómo hacer penitencia? Has abandonado a Dios para amar a las creaturas; desásete de las creaturas para amar sólo a Dios. Castiga tu cuerpo con austeridades, pues ofendió a Dios con el pecado. No te engañes en esto, la penitencia debe afligirte; debe arrancarte, si es posible, suspiros del corazón y lágrimas de tus ojos, por no decir sangre de tus venas.

III. Persevera en este áspero ejercicio hasta el fin de tu vida. Estuvo San Román a punto de perder el fruto de sus trabajos por no haber tenido coraje para atacar desde un principio, y vencer, las dificultades que encontraba en la penitencia. ¡Cuán agradables te resultarán esos esfuerzos y sufrimientos si de tiempo en tiempo consideras las espantosas austeridades de tantos insignes ermitaños, si piensas en lo que Jesucristo sufrió por ti! Busquemos hasta el fin de nuestra vida aquello que nos procurará felicidad sin fin (San Euquerio).

Consagración total a San José

CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ

Y LA SAGRADA FAMILIA

(Sólo para uso privado)

¡Oh Sabiduría Eterna y Encarnada! ¡Oh, el más dulce y adorable Jesús! Verdadero Dios y verdadero hombre, os adoro profundamente en el seno y los esplendores de vuestro Padre durante la eternidad; y os adoro también en el seno virginal de María, vuestra más digna Madre, y en los brazos de San José, vuestro Padre virginal.

Os doy gracias porque os habéis aniquilado, tomando la forma de esclavo, para rescatarme de la cruel esclavitud del demonio. Os alabaré y os glorificaré porque os ha agradado someteros a María y a José en todo, para hacerme vuestro fiel esclavo a través de ellos. ¡Pero Ay! He sido ingrato e infiel, no he guardado las promesas que os hice tan solemnemente el día de mi bautismo; no he cumplido mis obligaciones; no me atrevo a venir por mí mismo ante vuestra Santísima y Augustísima Majestad. Es por esto que necesito recurrir a la intercesión de vuestra Santísima Madre, a quien Vos me habéis dado por Mediadora.

Oh, la más tierna y dulce Madre; os amo con toda mi alma y con todas mis fuerzas. Dejo en vuestras manos purísimas todo lo que poseo y habré de poseer, y mi corazón, mi alma, mis méritos, mis actos, pensamientos y deseos; Incluso mis defectos y mis pecados. Todo es vuestro y siempre lo será, mi querida Madre. Así como amáis a Jesús de mi parte, os pido intercedáis por este vuestro hijo. ¡Pero Ay de mi! Oh mi querida Madre, mi corazón está lleno de tristeza porque he prometido muchas veces el perteneceros a vos a cada momento y sin embargo he estado lejos de seros fiel; mis pecados y mis defectos me han impedido cumplir mi consagración a Jesús a través de vos a cada momento tal como lo ps prometí muchas veces; y además veo con gran pena que el miserable obstáculo de mi amor propio ha impedido que mi tesoro, el cual sois vos, produzca frutos de santidad en mí y para mis hermanos. Mi egoísmo ha causado de que Dios no reciba toda la gloria que Él debería de haber recibido de mí.

Además, querida Madre, hay algo que me llena de gran dolor: el hecho de no poder amaros como vos merecéis.

Por todas estas razones, querida Madre, os suplico que dirijáis mi corazón y mi mente a consagrarme hoy a vuestro castísimo esposo el Señor San José. Vos sois mía, pero también de él, y en sus manos quiero poneros, querida Madre, para que yo os pueda amar a través de él, consolaros a través de él, reparar las ofensas proferidas contra vuestro Inmaculado Corazón por medio de él; de tal modo que mientras yo viva en sus brazos, os pueda él ofrecer de mi parte todo lo que os he dado, y todo lo que no os he podido dar. Os pido que la unión de vuestro Corazón Inmaculado con el Sagrado Corazón de Jesús, dentro de mi alma, pueda encontrar su verdadero Protector y su mejor compañero, el apoderado dado a vos y a Jesús por Dios Padre mismo. ¡Mostrad o Madre mía! Ese vuestro tremendo amor por Jesús, amando a vuestro castísimo esposo el Señor San José, en este vuestro miserable y débil esclavo de amor.

        ¡Oh, mi querido Padre San José! A vos acudo en éste glorioso día, pidiendo a vos que coloquéis a este vuestro hijo, pobre pecador, bajo la protección de vuestro castísimo corazón. Recibid de mi corazón en éste día, el mayor tesoro que jamás haya recibido en mi vida: El Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María; Dios os la dio a vos e imitándolo hoy yo hago lo mismo. Tomadla y amadla en mi nombre.

Vuestro sagrado matrimonio con María Santísima ha causado una comunión de bienes entre ambos. He sido consagrado(a) a María, y todo lo mío es suyo, pero también vuestro. Junto con ella me doy, desde hoy, completamente a vos, os pertenezco, querido padre y Señor San José. Por lo tanto, delante de la presencia de toda la corte celestial, yo, (nombre) …………………… humildemente os pido, por medio de esa caridad paternal que tenéis para con Jesús y para con este vuestro hijo, que aceptéis este mi inmenso deseo:

 Os entrego y os consagro, como vuestro esclavo de amor, mi cuerpo y mi alma, mis bienes, tanto interiores como exteriores, e incluso el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras; dejando a vos el pleno derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, en el tiempo y en la eternidad, según vuestro beneplácito, para la mayor gloria de Dios y la mayor alegría de la Santísima Virgen María.



 Recibe, oh Padre Virgen, esta pequeña ofrenda de mi esclavitud, en honor y en unión con esa sujeción que la Sabiduría Eterna se dignó tener con María y con vos; en homenaje al poder que vuestra Sagrada Familia tiene sobre este pobre pecador; y en acción de gracias por los privilegios con los que la Santísima Trinidad os ha favorecido a vos y a vuestra Esposa Inmaculada. Declaro que me esforzaré, en adelante, como vuestro verdadero esclavo, a buscar vuestro honor y a obedecer a vos en todo.

    Oh fidelísimos María y José, hacedme en todo tan perfecto discípulo, imitador y esclavo de la Sabiduría Encarnada, Jesucristo vuestro Hijo, que en todo pueda alcanzar, por vuestra intercesión, ejemplo, y protección, en el seno de vuestra Sagrada Familia, la perfección en la imitación de nuestro hermano mayor Jesucristo, así en la tierra como en su gloria en el Cielo. Amén.