Los sufrimientos. Meditación.

MEDITACIÓN
SOBRE LOS SUFRIMIENTOS

I. Pecador, es preciso sufrir en esta vida para no sufrir en la otra; es menester que borres tus delitos con tus trabajos, tus lágrimas y tu sangre: no hay otro medio para que vuelvas a gozar del favor de Dios. Él te envía sufrimientos: recíbelos como remedios para las enfermedades de tu alma. Siempre quieres pecar y no quieres hacer penitencia: ten cuidado, te encuentras en un estado peligroso. Es necesario satisfacer a Dios en este mundo o en el otro. Elige.

II. Pecadores convertidos, que habéis tenido la felicidad de reconciliaros con Dios, no os creáis que ya podéis dejar de llorar vuestros pecados y cesar de sufrir para borrarlos. Aun cuando se os hubiera revelado, como a Magdalena, que vuestros pecados han sido perdonados, menester sería, sin embargo, hacer como ella penitencia, todo el resto de vuestros días. Temblad, llorad siempre, pues no sabéis si sois dignos de odio o de amor de Dios. Aunque no hubierais cometido sino un solo pecado, sería suficiente como para obligaros a llorar eternamente.

III. Almas santas que aspiráis a la perfección, aun cuando fueseis arrebatadas todos los días hasta el tercer cielo, como San Pablo, no os creáis por eso dispensadas de hacer penitencia. Vuestras contemplaciones haríanse sospechosas, si no van acompañadas del amor a los sufrimientos. Si amáis sólidamente a Jesús, querréis asemejaros a Él sufriendo con Él. Tendréis motivo para esperar la gloria de Jesucristo, si participáis en los dolores de su pasión.

Message of the Most Sacred Heart to our Benedictine Congragation

MESSAGE OF THE SACRED HEART OF JESUS TO THE FOUNDER OF OUR CONGREGATION OF BENEDICTINES OF THE SACRED HEART OF JESUS AND OF THE IMMACULATE HEART OF MARY

“On Friday, the 13th of December, 1839, I was transported in spirit to the centre of the altar, that is, to the place where the priest stands to offer the Holy Sacrifice. I appeared to be on my knees, and I saw in spirit the Tabernacle open, and Our Lord partially issue from it, and make the sign of the cross on my forehead with the first finger of His right Hand. I remained for an instant filled with wonder, nevertheless my imagination was not active, I was in a purely passive state. I saw and I felt in spirit, I admired, but I did not act. A moment later, our Lord made with the same Finger a cross on my heart, my surprise and my wonder were redoubled and my heart bounded as it felt the impression of the Divine Finger. Finally, our Lord, always with the same Finger, and after the interval of a second, made the sign of the cross on my mouth.The cross on the forehead denoted intelligence and intrepidity, the cross on the heart, the love of God and the burning zeal. Suddenly I felt myself urged to say to Our Lord. “But what pledge, Lord, dost Thou give me that this project be accomplished?”. ‘My Heart’ Jesus immediately replied, and He seemed to be holding It in His Hands and presenting It to me from out the Tabernacle.” (The life of Jean Baptiste Muard, 1886, Burns and Oates, pags. 116,117)

The Sacred Heart of Jesus revealed Himself to Father Muard a second time:

It was at his last Christmas Mass, at the second memento. Our Lord deigned once more to speak to him and give him a fresh and most consolatory reassurance concerning the work to which He had called him. He dwelt strongly on five points.

1.- He confirmed all that He had previously made known to him regarding the new Congregation.

2.- He told him how dear it was to Him

3.- He promised that it should flourish

4.- That it would be a school of martyrs and confessors of the faith for the time of His last coming.

5.- That the members of this congregation, by whom He meant above all to designate the first, whom He had chosen as the foundations, must be saints, great saints, that such was His express will, and He repeated this several times, and always with increased emphasis.

And upon P. Muard representing to the Divine Savior his own unworthiness, his extreme weakness, and incapacity for all good, our Lord replied that He would give all the necessary graces, let them only confide in Him. Finally, He promised P. Muard a special personal favor or, father, reiterated a promise which He had more than once made to him. On the following days our Lord gave him a fresh confirmatory promise of all these things. It was in the very grotto where St Benedict received five special graces or precious privileges for his order (Pags. 312,313, idem)

Meditación Año Nuevo

TRES REFLEXIONES SOBRE EL AÑO TRANSCURRIDO

I. ¿Podría decir con verdad como San Pablo: He combatido con valor, he concluido la carrera, he guardado la fe? Hete aquí al término del año; repasa en tu espíritu todo el bien y todo el mal que has hecho durante este año, y mira si tus buenas acciones son más numerosas que las malas. ¿Cuántos días transcurrieron sin que hicieras nada para Dios? Sin embargo, este año te fue dado únicamente para servirlo, para hacer penitencia de tus pecados y merecer el cielo mediante la práctica de las buenas obras.

II. ¿Dónde están ahora los placeres y los honores de que gozaste durante este año? ¡Todo ha pasado, y no te queda sino el triste recuerdo de haber ofendido a Dios por bienes pasajeros y falaces! ¿No es verdad que, al contrario, experimentas una gran alegría por el bien que hiciste tratando de agradar a Dios? Ya no experimentas el esfuerzo que tus buenas obras te costaron y tienes la esperanza de ser recompensado por ellas. Tu vida pasará como este año, tus placeres pasarán tanto como tus trabajos, y el único consuelo que te quedará será haber servido al Señor. ¿Quién me devolverá este día, este año que perdí en la vanidad? (San Euquerio).

III. Acaso pasaste parte de este año en pecado mortal. Si durante esa época hubieras muerto, ¿dónde estarías ahora? Dios te ha dado tiempo para hacer penitencia; aprovéchalo mejor en lo porvenir ¡acaso no tengas más que este año de vida! Prepárate, pues, a morir, haz una buena confesión, y si quieres pasar santamente todos los días del año que va a comenzar piensa todos los días en la muerte y en la eternidad. Dios te ha ocultado tu último día, para que te prepares a él todos los días de tu vida (San Agustín).