Meditación de la Agonía de Nuestro Señor Jesucristo Parte 1

Por medio de la práctica de las virtudes cristianas y de los consejos evangélicos, a la par que disminuye en nosotros la vida natural, sube y se eleva la vida divina. Esto nos dispone para recibir cada vez más frecuentemente los dones del Espíritu Santo y poder sufrir nuestras cruces cómo Cristo las sufrió.

De tal suerte estaba Jesús hambriento de sufrimientos por nuestro amor, que no quiso perder un instante.

Desde su Encarnación la muerte y los tormentos estaban tan claramente presentes al Alma de Nuestro Señor, cual si estuvieran presentes.

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